sábado, 12 de noviembre de 2011

Miedo al rechazo y los antivalores


Psic. Licia López Carrillo

            Ya en otras ocasiones he podido compartirles información sobre la importancia de los valores en la formación del ser humano y su utilidad al forjar individuos con más criterio y estabilidad psicológica. Sin embargo, existen muchos aspectos que en el tema de valores se pueden reflexionar. 

Por ejemplo, el porqué los valores universales de la humanidad (Ética, Honradez, Bondad, Modestia, Solidaridad, Amistad, Amor, Prudencia, Responsabilidad, Deber, Fortaleza, Lealtad, por mencionar algunos)  han tenido en las últimas décadas un cambio drástico y han sido sustituidos por los llamados antivalores (Poder, dinero, moda, belleza, popularidad, status) Así es como  al más puro estilo de un comic en donde el héroe tiene todas las cosas buenas que ayudan para el bien común y el antihéroe utiliza sus habilidades para la destrucción, de la misma forma los valores enriquecen al individuo y al mismo tiempo benefician a la sociedad, lo antivalores crean la ilusión de satisfacer individualmente y provocan daño a la sociedad y sus principios. Y digo “crean la ilusión” porque en realidad las personas que se rigen por antivalores son igual de propensas -o más- a la infelicidad, depresión o falta de sentido en la vida. 

¿Por qué se han fortalecido los antivalores?

Han adquirido fuerza debido a la demanda de alcanzar esos modelos de vida que han sido ofrecidos  en imágenes publicitarias, comerciales y vidas de “socialités” como deseables y garantizadores de la felicidad. Lo cual desencadena un  fenómeno colectivo en el que se  trata de llevar un estándar de vida popular para evitar el aterrador sentimiento de rechazo que al ser humano le cuesta mucho asimilar. El miedo a no ser aceptado, a no pertenecer  lleva al ser humano a la angustia y con tal de evitarla aceptará lo que sea por encajar. Esto quizá nos recuerde  la época adolescente en donde lo trascendental era estar en el grupo, en la actualidad las sociedades adultas parecen tener un fenómeno de adolescencia tardía y continúan con esta necesidad  de ser aceptados.

domingo, 9 de octubre de 2011

Generación express (Parte II).


Psic.Licia López Carrillo
 
Detrás de las generaciones express se oculta un problema de ansiedad generalizada, se corre sin cesar por no saber a dónde se va, ni que se quiere hacer con la vida. Al hombre actual el detenerse a pensar le da miedo- ya que podría darse cuenta que está perdido- así entre un pendiente y otro  sigue en la carrera, esta agitación constante impide los espacios de reflexión y sosiego, o desde mi punto de vista, solo permite hacerlo de forma superflua y con un mínimo de introspección. 

Este ritmo contra reloj fomenta que la modernidad tecnológica se vuelva una herramienta para optimizar el tiempo, es así como las compras del Supermercado por internet, adquirir ropa, zapatos o libros en un mundo virtual nos introduce al mundo de la globalización y la vida express. Sin embargo esos minutos u horas ahorradas no son ocupadas en actividades de calidad  que brinden al ser humano regocijo sino que son aprovechadas para atiborrar la agenda y acelerar a un más.De esta cultura “instan tramen” surgen también rituales sociales que buscan cubrir las necesidades de socialización pero siempre al mismo ritmo  desbocado.

El amor en los tiempos del Speed Dating

Como parte de este poco tiempo, el individuo express no tiene  tiempo para conocer a su pareja ideal aunada a la falta o ausencia total, según reportan algunos solteros, de pareja con las que formar un vínculo trascendente. Esta pasión por lo instantáneo  explica la demanda del  Speed Dating(cita veloz), en el que los solteros disponen de 7 min con cada persona en una multicita, saltando de mesa en mesa en donde la persona decide si se contactará nuevamente o no. Esto implica conocer a 10 a 25 personas en una hora de forma acelerada.

La  cuestión es, ¿a dónde lleva todo esto?, ¿de que forma establecerán lazos trascendentes? si la prisa y el acelere los determina. Es probable que quien no quiera ocupar más de siete minutos en conocer a alguien tardará ese mismo tiempo en desencantarse al entrar en el complejo mundo de la paeja.

Generación express. (Parte I)


Psic.Licia López Carrillo

La sociedad de la opulencia se permea de tal forma en nuestras vidas que el consumo compulsivo no se limita a solo las tiendas. La forma frenética para el placer instantáneo se ha trasladado incluso a las relaciones sentimentales, cada vez menos duraderas, a las agendas diarias sobrecargadas de compromisos y actividades.

La madre que corre enloquecida del ballet de 4 a 5 pm y el inglés de 5 a 6pm, el padre que desayuna mientras camina al auto y trata de entablar una plática trascendente con el hijo en su tiempo de “calidad” 10 min antes de llegar a la escuela, mientras maneja y habla por el radio. Enseñando patrones acelerados y estresantes a sus pequeños aprendices de la vida; sus hijos. Consumimos tiempo y recursos corriendo contra el ritmo natural de las cosa.

A prisa y sin darnos cuenta de nada.

Todo lo queremos instantáneo, como el café o las sopas que para ahorrar tiempo compramos. Francesc Miralles considera  que esta cultura de la impaciencia inicia con la revolución industrial y alcanza su punto máximo en esta década. La implantación masiva de internet y la telefonía móvil nos ha acostumbrado a respuestas inmediatas, según el psicólogo Miguel Ángel Manzano las nuevas tecnologías  han construido un mundo virtual que acostumbra al individuo a tiempos de reacción inmediata.

Nuestras generaciones actuales demandan resultados a corto plazo. Pero ¿este nuevo modelo de vida nos hace más felices? ¿Al desaparecer el placer de la espera no disminuye el poder de la recompensa? Y en esta maratón interminable a un ritmo vertiginoso podríamos afirmar lo que Robert Louis Stevenson plantea; “Tanta urgencia tenemos por hacer cosas, que olvidamos lo único importante: vivir”.

martes, 27 de septiembre de 2011

Tolerancia a la frustración.

 Psic. Licia López Carrillo

La frustración es el sentimiento que surge cuando no logramos nuestros deseos, de acuerdo a la intensidad de la frustración y a nuestras propias características personales, reaccionamos con molestia, ansiedad, depresión, angustia, enojo, etc. La base del problema no está en la frustración que vivimos, sino en nuestra actitud , actuamos como si el malestar y el sufrimiento pudieran acabar con nosotros y creemos que estas emociones no deben de ser parte de nuestra vida.

Tolerar la frustración significa poder enfrentar los problemas y limitaciones que tenemos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que nos causan. La frustración es parte de la vida, no podemos evitarla, pero si podemos aprender a manejarla y a superarla.

¿Qué es la baja tolerancia a la frustración?

La baja tolerancia a la frustración se da cuando un individuo se frustra muy fácilmente, y tiene una falta de voluntad o incapacidad para tolerar el malestar necesario a corto plazo que a veces se requiere para obtener beneficios a largo plazo. El término fue utilizado por primera vez por Albert Ellis en la década del 60. Es mucho más común en la sociedad occidental debido al ritmo rápido de vida, especialmente para conseguir lo que uno quiere en el menor lapso de tiempo posible. Se le relaciona con dos elementos: la percepción equivocada y exagerada de la situación que estamos viviendo y la creencia de que es horrible vivir el malestar y no lo podemos ni queremos aguantar


¿Qué es la alta tolerancia a la frustración?

La alta tolerancia a la frustración es simplemente la capacidad para tolerar o hacer frente a la molestia y el trabajo duro en el corto plazo con el fin de alcanzar nuestras metas a largo plazo. Las personas con alta tolerancia a la frustración tienden a ser mucho más flexibles, lógicas, racionales y más tranquilas en su pensamiento, la conducta y el enfoque general a la vida, así como mucho menos propensos a sufrir problemas de salud mental como resultado. También son mucho menos propensos a postergar todo y tratarán de resolver los problemas como una prioridad.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Violencia de género


 Psic. Licia López Carrillo

Tan a la  mano que en las dos últimas columnas dominicales se hablo de la violencia social y hoy quisiera compartir las reflexiones que surgieron al escuchar una conferencia a la que a recientes fecha asistí.

El tema de la ponencia era la violencia en el noviazgo, convocada por una asociación que tiene el digno trabajo de dar cobijo a mujeres víctimas del maltrato, así como la loable intención de educar para prevenir. Dando a las nuevas generaciones la información necesaria de cómo desde el noviazgo puede iniciarse el maltrato dentro de la pareja y posteriormente convertirse en violencia intrafamiliar. La conferencia fue expuesta en un lenguaje cotidiano y generalizador de este fenómeno, lo cual concluye exitosamente como un primer acercamiento al tema.

¿La violencia en la pareja solo sucede en ambientes de excesos y promiscuidad?

Considero que relacionar la violencia de género con solo un aspecto de la decadencia en el comportamiento de los jóvenes es una postura simplista, decirles a los jóvenes que el alcohol y el sexo sin responsabilidad son generadores de la falta de respeto y la violencia es muy parcial. Mencionar que  la perdida de la virginidad las hace propensas a aceptar el maltrato, así como una forma de vestir provocadora es causa de enfrentamientos entre los varones es, desde mi muy particular punto de vista, repetir mitos sociales en los que se encuentra anclada la falta de equidad de género y la ausencia de conocimiento de los derechos de la mujer. 

 Es cierto que en las conductas excesivas y tóxicas los jóvenes no son capaces de tener un autocontrol, y que como consecuencia hay una pérdida del respeto y la dignidad humana. Sin embargo es la falta de conocimiento y la repetición de patrones de conducta que no valora a la mujer lo que permite el acto violento.

Educar para la igualdad.

Es por ello que en  la labor preventiva de educar a las nuevas generaciones es de una importancia vital enseñar a ambos géneros a respetarse como iguales. A conocer sus diferencias y en ello su complementariedad, pues en ello recae la esperanza de parejas más equitativas y sanas que mejoren la armonía familiar, y el bienestar de una sociedad.